domingo, 18 de septiembre de 2011

Problemas

Hola!

Ya sé que muchas quereis que siga con la hitoria, pero es que he tenido un pequeño problema: el ordenador donde escribía ha pasado a mejor vida, y en él tenía una gran parte escrita, así que la he perdido de momento.

Por lo cual, y debido al estres de la uni y todo eso, no voy a poder publicar nada en un tiempo. No sé cuanto será, o si podré seguir con el blog. Lo siento mucho, tengo 92 seguidores, y me daría mucha pena perderlos... pero no puedo hacer otra cosa.

Dejaré el blog abierto y podreis seguir comentando. En la derecha teneis mi formspring, en el cual me podeis preguntar lo que querais y yo contestaré encantada. Si quereis enviarme un correo, mi dirección es: airplane93@hotmail.es
Siento todo esto, en serio, pero es la única alternativa posible.

Iré escribiendo poco a poco, pero con los estudios va a ser difícil.
Gracias por todo vuestro apoyo! :)

lunes, 15 de agosto de 2011

Capítulo 18

-Tayla, cielo, ¿ya has vuelto?-gritó mi madre desde una habitación.
-Sí-respondí, desviando mi mirada del cuadro y dirigiéndola hacia la procedencia de la voz.
-¿Qué tal el pueblo? ¿Verdad que es más bonito ahora que lo conoces?
-Precioso-contesté, en voz baja.
-¿Algo interesante?
-Algo... poca cosa.-contesté, pensando en Lucas.
-Me alegro, cariño. Por cierto, ha llegado una carta, tienes que ir a matricularte al colegio, empiezas en tres días.
-¡Genial!-dije, con falsa alegría.
Volví a mi habitación y cerré la puerta tras de mí. Por arte de magia, mi antiguo escritorio estaba situado al lado de la ventana y cerca del gran balcón. Bueno, no estaba segura de que fuese mi antigua mesa, juraría que había pegado un montón de pegatinas de colores cuando era pequeña, y ahora... no había ni una, ni un mísero rastro del pegamento que se solía quedar cuando las arrancabas, ni un triste trozo de papel... Examiné minuciosamente todo el mueble, palpándolo con las manos, en busca de algo que fuese de mi antigua mesa, pero nada. Entonces recordé, que dos meses después de la desaparición de mi hermano, grabé, con las llaves de mi diario para no olvidarle, su nombre bajo la mesa, si estaba ahí, sería una prueba de que esa era la mesa en la cual me había pasado largas horas estudiando y... no estudiando. Mi padre no podría haber lijado la mesa para borrar toda evidencia de la antigüedad de mi mesa, y, de todas formas, ver el nombre de mi hermano habría supuesto un golpe bajo para él, así que, conociéndole, no hubiese lijado la parte baja del escritorio.
Tuve que separar la mesa de la pared para buscar el grabado. No me acordaba que pesaba tanto, claro, en mi antigua habitación la mesa no estaba totalmente pegada a la pared, así que podía acceder a la parte de atrás con facilidad. Cuando conseguí separar un poco la mesa, cogí mi móvil para alumbrar la parte de abajo y poder ver si estaba lo que buscaba. Para mi sorpresa, ahí estaba el nombre de mi hermano grabado torpemente, con la caligrafía de una niña de siete años.
Pasé mi mano por cada letra, hacía tiempo que no me había permitido el pensar en él, contradiciendo el motivo de la grabación que estaba palpando. Me obligué a olvidarle casi por completo de cómo era él, su voz, su color de ojos... todo. Por algún motivo, el olvido me hacía más daño, pero era un dolor más llevadero que el que sentía al recordarlo.
Decidí dejar de pensar en él, ya que empezaba mis ojos más húmedos que de costumbre, estaba segura que, de mirarme en un espejo, mis ojos estarían más vidriosos. Pasé el dorso de mi mano por mis ojos evitando que dos lágrimas cayesen por mis mejillas hasta el suelo. Para distraerme, empecé a abrir algunas cajas que tenía cerca de mí. La primera que escogí contenía la mayoría de mis camisetas de verano, las cuales, estudiado el clima de la zona donde estaba situado el pueblo, las iba a utilizar con excesiva frecuencia. Recogí las camisetas dobladas y las coloqué en la estantería de debajo, donde las tenía más a mano. Las puse de acuerdo a mis gustos, las que más me ponía, es decir, mis favoritas, estaban situadas arriba de todas, y más abajo, aquellas que sólo llevaba cuando las demás estaban sucias o lavando.
Las siguientes caja contenía mis pantalones, largos y cortos, que colgué en las perchas, también respetando el orden de mis preferencias: todos los pantalones vaqueros claros iban los primeros, seguidos de los vaqueros más oscuros y de los que no eran vaqueros, estos en un orden sin importancia para mí. Las demás cajas tenían en su interior mis zapatos, calcetines y ropa interior, que fui depositando en los cajones sin importarme en cual estaban, ya tendría mucho tiempo para memorizar donde estaba cada cosa.
Las últimas cajas que estaban en mi habitación tenían cosas más íntimas y personales, como mis álbumes de fotos, donde estaban la mayoría de mis recuerdos, personalizados con frases que mis amigas y yo habíamos escrito en bromas: muchas de ellas eran comentarios sobre las caras con las que salíamos en las fotos, otras, eran cosas que habíamos dicho en algún momento y que nos había hecho gracia. Estaban escritas en colores muy chillones, y con varios tipos de letras. Había un álbum que especialmente llamaba mi atención, me lo regalaron mis amigas antes de mudarme, en él estaba mi nombre escrito en varios colores y a relieve. Lo había mirado varias veces, y ya casi sabía dónde estaba cada frase, pero aún así, lo abrí y empecé a mirarlo: en la primera página aparecíamos las cinco del grupo principal, normalmente éramos sólo nosotras, pero había ocasiones en las que alguna amiga o conocida de una de nosotras se unía. Estábamos sonriendo todas, recuerdo ese día, habíamos ido a un monte a pasar el cumpleaños de Alice, que por una vez, quiso ir a hacer algo tranquilo y no ir de fiesta. En ese momento estábamos todas riéndonos, porque Ann parecía no haber puesto el disparo automático, pero la luz roja seguía parpadeando, y por si acaso todas poníamos nuestras mejores caras para no salir desprevenidas. Fue uno de los días en los que mejor nos lo pasamos. Cuando pasé a la siguiente página me descubrí a mí misma riéndome de mis propios recuerdos.
Cuando todas las cajas estaban en su sitio, me senté en el escritorio y saqué un libro que hacía tiempo que dejé de leer, nunca conseguía terminarlo, me parecía terriblemente aburrido, pero me había prometido a mí misma leerlo, ya que era uno de los favoritos de mi madre, y la mayoría de sus comentarios estaban basados en la novela. Así que decidí empezar por donde lo había dejado... la... segunda hoja. ¿Sólo había conseguido leer dos hojas? Y ni siquiera me acordaba de ellas. Bueno, como siempre hacía, pasé las hojas y elegí la opción más fácil, dejarlo para el día siguiente.
-¡Tayla, la comida!-gritó mi madre desde lo que supuse que era la cocina.
¿Comida? Creo que era lo mejor que había oído en mucho tiempo

viernes, 5 de agosto de 2011

Concurso

¡Ey!
Lo prometido, es deuda. He llegado a las 3000 visitas en mi blog, así que toca hacer algo especial, ¿y qué mejor forma que haciendo un concurso de relatos cortos?

Hago esto, porque yo creo que así nos beneficiamos todos, se encuentran buen@s escritores/as, y si hay alguno que aún no se ha dado a conocer, con esto puede obtener más publicidad para llegar a más gente.

Bueno, no voy a poner muchas bases, pero sí algunas, ¿vale?
-El relato no puede superar las 4 páginas en Word.
-Se pueden incluir fotos y lo que se quiera, pero no para hacer bulto.
-El tema es libre: podeis escribir sobre lo que querais.
-Acordaos de seguir mi blog, que me haría mucha ilu ^.^

Se premiará básicamente la originalidad, ser capaces de contar una historia bien. Me da igual que el/la protagonista sea una persona, un perro o incluso una gota de agua, pero que sea original, algo no visto.

Tengo que saber quienes sois, así que o me dejais un comentario en el blog con vuestro blog, o me mandais un privado a mi tuenti (kristal Airplane Blog), pero haced eso, porfa, que si no, no sé quienes sois o cuantos vais a participar.

El relato lo teneis que mandar a: airplane93@hotmail.es, aprovecho para deciros que también me podeis mandar vuestras dudas a mi formspring (http://www.formspring.me/airplane1993).

Ahora, lo que a tod@s os interesa: los premios, jaja. Bueno, no sé cuantas personas participarán, pero espero que muchas, así que, en un principio de entre todos los relatos, elegiré a los tres mejores. Quizá haga una votación para ver cual es el mejor, o no, no lo sé aún.
Los premios serán:
1º premio: Permanecerá dos semanas en la parte derecha de mi blog, para que todos puedan ver que ha ganado. También escribiré una pequeña opinión sobre ese blog y lo tendré en el estado una semana y en el tablón del tuenti junto con los otros dos ganadores.
2º premio: Permanecerá una semana en la parte derecha de mi blog, para que todos puedan ver que ha obtenido el segundo puesto. Escribiré, también, una pequeña opinión sobre el blog y lo tendré en el tablón del tuenti junto con los otros dos ganadores.
3º premio: Permanecerá tres días en la parte derecha de mi blog, para que todos puedan ver que ha quedado tercero. Escribiré, también, una pequeña opinión (más breve que las anteriores) sobre el blog y lo tendré en el tablón del tuenti junto con los otros dos ganadores.

Aclaro que puede haber más de tres ganadores en caso de que no pueda decidirme. De todas formas, todos los relatos serán públicados en la pestaña de "Publicaciones de otros autores".

La fecha límite para enviarlos es el 14 de agosto a las doce de la noche.

Sin más, muchas gracias por pasar por el blog, y mucha suerte! :)

miércoles, 27 de julio de 2011

Capítulo 17

-Vas por el pueblo como su fueses su dueño.
-Tayla, no tengo amigos, mis padres nunca están aquí. ¿Qué crees que puedo hacer? Doy vueltas por Herecrich todos los días intentando encontrar algún sitio, alguna cosa que se me haya pasado por alto, que aún no conozca.
-Algo nuevo-comprendí.
Ahora lo entendía. La vida de Lucas debía ser un infierno, todos los días solo, sin poder llamar a ningún amigo al carecer de ellos. Era obvio que quisiese que alguien le prestase atención, o quizá, también algo de cariño y comprensión. Pero, ¿cómo sus padres se habían olvidado de él? ¿Cómo unos padres se olvidan de su propio hijo?
-Y apareces tú, una persona nueva que no es sosa, ni viste completamente de colores oscuros-dijo, mirando mi ropa de arriba abajo- y por un momento creí que podría conocer a alguien nuevo y pasármelo bien por un día.
-¿Tus padres...?-comencé a preguntar.
-Se desplazan continuamente. Nunca permanecen en un lugar más de seis meses-dicho esto, bajó su cabeza, como si sus zapatos fuesen lo más interesante en ese momento.
-¿Y no tienes ningún otro familiar con quien pasar el verano?
Lucas levantó su mirada, pero no la fijó en mí, en cambio, miró al cielo, en concreto, a una gran nube que se alzaba sobre nosotros. No parecía estar cargada de agua; era totalmente blanca y esponjosa, por lo menos a la vista. Deseé poder estar ahí arriba, sin preocupaciones.
-Mi padre... no es muy bien recibido en mi familia materna, y lo mismo ocurre con mi madre. Ambos son muy diferentes, aunque se quieren-confesó.
Por un momento, me pregunté qué pasaría si mis padres nunca estuviesen conmigo. Sin duda, sería algo raro: no escuchar los gritos de mi madre por la mañana al entrar a mi habitación, ni la ironía de mi padre, ni como me dejaban, “sin querer”, en ridículo delante de mis amigas.
Pero, pese a todo eso, lo echaría de menos: los gritos de mi madre se habían convertido en mi despertador personal, y eran bastante efectivos, la verdad, en cuanto escuchaba a mi madre, me levantaba sin pensarlo. La ironía de mi padre hacia mí hacía que nos peleásemos de forma amistosa, y podía soltarme, sin rencores después. Y esas veces en las que mis padres mostraban fotos mías vergonzosas... bueno, eran mis padres, y no lo hacían a malas, aunque yo me enfadase muchísimo cada vez que sacaban el tema.
-Pero tú... ¿no debería ser diferente contigo? Quiero decir, por muy mal que se lleven, tú eres su nieto, sobrino, primo...
-Ellos ya tienen bastantes nietos, sobrinos y primos. Además, cuando yo nací, mis abuelos, los cuatro, dejaron clara su postura. Yo era, para ellos, como una señal de mis padres hacia ellos de que lo suyo iba en serio, que no iban a estar separados, y eso les sentó como una patada en el estómago.
-Pues vaya...
De repente, sentí unas ganas increíbles de ir a ver a mi madre y abrazarla. A pesar de no haber discutido con ella, y de que ella ignorase que yo estaba enfadada, sólo quería pedirla perdón e irme a mi habitación a deshacer las maletas.
Lucas pareció comprender:
-Ve todo recto-me indicó con la mano- hasta llegar a la calle 13, gira a la izquierda y continua recto, en seguida verás una casa familiar.
-Gracias. Oye, lo que te he dicho, lo de estar desesperado y todo eso...
-No tiene importancia. De alguna forma, me ha gustado que alguien me diga lo que no quiero oír. Es agradable.
En ese momento, Lucky se acercó a su dueño, reclamando su atención. Este se dio cuenta, se agachó y le acarició la cabeza.
-Yo también debería irme a casa. Recuerda: Recto, 13, izquierda y recto-dijo, a modo de recordatorio.
-Gracias, de nuevo.
-Un placer, señorita.
Y se inclinó, imitando el gesto de un señor de los años 60 quitándose el sombrero. Parecía hasta un chico formal cuando le daban esos puntos. Se alejó corriendo y gritó:
-Recuerda, te quedan pocos días de libertad, Campanilla.
Y desapareció al doblar una esquina.
Yo seguí sus instrucciones. Estuve andando unos minutos hasta que vi que tenía tres opciones a elegir: continuar recto en la misma calle, la número 2, girar a la derecha e ir a la calle 10, cuya desembocadura desconocía y la que Lucas me había indicado, la 13. Opté por seguir sus indicaciones y dejar la exploración para otro día, en el que quizá llevaría un bikini en condiciones y, a lo mejor, un bocata y una botella de “nestea”.
Cuando torcí hacia la calle 13, vi el número escrito en una placa con un fondo negro y las letras doradas. Este pequeño detalle le daba un aspecto de elegancia a la pared perfectamente cuidada.
<> Pensaba para recordar lo que tenía que hacer al ver que podía girar a la derecha a la calle 7. Ignorando el descubrimiento de un parque, en el cual no había ni un triste niño, continué sin girar durante un par de minutos hasta que pude avistar un tejado de un color azul cielo. Sonreí para mí. Por lo menos Lucas no me había engañado para que me perdiese.
Tuve que andar hacia la derecha para encontrar la entrada a mi casa. Descubrí que al lado de la puerta estaba un pequeño letrero que ponía, sobre un fondo negro y con letras doradas, 13.6. Eso significaba que por lo menos otras cinco familias aparte de nosotros vivían en la misma calle. A lo ser que hubiesen sub-dividido todo, y también hubiese casas con un 13.2.1 o algo por el estilo...
Finalmente, encontré la puerta del jardín, en el cual mamá ya había plantado sus flores, de distintos colores. ¡Por fin un detalle que me recordaba a mi antiguo hogar! Las había de muchos colores, como a mí me gustaba.
Entré en casa con cuidado de no pisar ninguna caja de cartón de las muchas que estaban tiradas en la hierba. Cuando pasé al pasillo, descubrí que en la pared alguien había colgado varias imágenes nuestras, incluida una en la que aparecíamos los cuatro: mi padre, mi madre, mi hermano y yo.
Mi hermano tenía nueve años cuando desapareció, yo tenía siete. Recuerdo aquel día como si lo hubiese repetido mil veces: era verano, y hacía mucho calor, mamá se había quedado sin verduras, y quería hacer una ensalada, así que mandó a mi hermano al supermercado para comprar algunas cosas. Salió de casa revolviéndome el pelo, como siempre hacía, y diciéndome que era su brujilla favorita. Luego... no volvió.
Los policías dijeron que fue él quien se escapó, pero yo no lo creo. Alguien le obligó a irse, yo lo sé; él nunca se iría, no, no me dejaría sola.
En una cinta que grabaron las cámaras de seguridad de un banco se podía observar cómo mi hermano se fue en dirección contraria a nuestra casa.
Le dieron por muerto tres meses después de su desaparición; cuando encontraron sus ropas en un llano a unos cinco kilómetros del supermercado. No tenían evidencia alguna de su muerte, pero aún así, eso fue lo que nos dijo el policía encargado del caso.
Yo, sin embargo, nunca me llegué a creer que había muerto, y cuando íbamos a algún sitio de vacaciones, observaba con minuciosa atención para ver si me encontraba con él o con un mínimo rastro que me indicase el camino a seguir para llegar a él. Nunca lo encontré. Mis padres, por el contrario, desistieron rápidamente; en cuanto el policía les dijo que le habían dado por muerto, las esperanzas de mis padres murieron también.
Cogí el marco y me fui a donde estaba mi habitación mirando continuamente la sonrisa de mi hermano. Un niño lleno de ilusiones y esperanzas arrebatadas.

viernes, 15 de julio de 2011

:)

¡Hola!

Para empezar, ya, ya sé que estos días, he estado un poquillo a mis cosas y he dejado desatendido el blog, pero en serio, he estado liadísima con unos exámenes que tenía que aprobar, y que por suerte, ya lo están.

Continuo con la historia de El reflejo del agua, no la he abandonado y no pienso hacerlo, el problema es que tengo muy poco escrito, y hay que escribir un poquillo más para tener de reserva, no sé como explicarlo, pero bueno.

También queria decir, que si quereis enviarme alguna historia, foto, frase... que querais que publique, ¡hacedlo!(airplane93@hotmail.es). El objetivo de este blog es intentar hacernos ver, poder llegar a más y más gente cada día. Algunos querreis quejaros de cosas, y otros sólo decir lo que llevais dentro, recordad, todo está permitido,¿ok? Siempre que tengamos buenas intenciones.

Intentaré subir un capítulo el lunes, pero no prometo nada. Aunque estoy deseando que me digais que os parece la historia, así que procuraré escribir lo antes posible un capítulo que merezca la pena.

Bueno, sé que no tengo muchos seguidores, así que, si podeis pasar este blog a las personas que creais que se van a interesar por él, me hariais un gran, gran favor, en serio. Sé que mucha gente quiere lo mismo, y que algun@s de vosotr@s también teneis blogs donde os expresais libremente, pero me haría muchísima ilusión tener nuevas personas que lean mis historia y las comenten.

Por cierto, para hacer lo de que me envieis algunas cosillas (espero que esta idea tenga éxito dado que tod@s queremos darnos a conocer), me gustaría adaptar mi blog a ello, así que si alguien sabe de informática o de blogs mucho, por favor, se agradecería su ayuda. Quiero poner como... pestañas para que estén separadas las cosas que me envieis y mi historia. :)

Bueno, esto es todo lo que queria decir, creo, así que, me despido. Besos y gracias por deteneros en mi blog.

viernes, 24 de junio de 2011

Capítulo 16

Ey, ey, ey!!!!
Siento haber tardado tanto, la verdad, estoy liadísima y se me va la cabeza. Bueno, a lo que iba... este capítulo no es muy largo, entre otras causas porque lo reescribí de nuevo ya que no me convencía demasiado... así que... lo siento, pero es todo lo que tengo. Me vais a tener que perdonar si hasta julio no publico algo, pero en cuanto pasen unos días, estaré totalmente libre!
Por cierto, muchas veces he pensado en hacer algo así como... no sé, cosas distintas... usar este blog no sólo para que leais mi historia (cosa que me encanta), sino para, también, enseñaros otras cositas. Os mantendré informad@s!
Gracias, en serio, por entrar en mi página, recordad que con los comentarios se mejora! No os voy a comer ni nada, acepto las críticas ;D
Os dejo mi página de preguntas, aunque la teneis a la derecha: http://www.formspring.me/airplane1993
Sentiros libres de preguntarme lo que querais, si¿?
Un beso, os dejo con el capítulo 16.

----------------------------------------------------------------------

Genial. Ni me había fijado en la numeración de mi calle.
Empecé a pasear mientras me ponía mi camiseta azul, tuve que pararme para ponerme los zapatos, me apoyé en una farola grisácea, justo en frente de esta, otra farola aparecía, de forma totalmente simétrica. Era una perfección obsesiva.
Un perro corrió atravesando la calle, lo reconocí, era Lucky, la mascota de Lucas. Seguramente se habría perdido, como yo, normal, con estas calles, todas iguales, ¡quién se iba a aclarar!
-Lucky, vuelve aquí.
“Oh, oh...” pensé. La voz de Lucas se acercaba junto con sus pasos, seguía repitiendo la frase sin resultado alguno, ya que el canino no retrocedía, solo se paraba para ver si su dueño iba por detrás y continuaba corriendo.
Pude ver a Lucas cuando cruzó la esquina. Llevaba puestos los pantalones y los zapatos, pero la camiseta la llevaba apoyada en un hombro. Su cabello estaba todavía húmedo y un ricillo rebelde caía en su frente, haciéndole parecer más pequeño e inocente... ¡Inocente! Después de hablar con Alex esa palabra era la última con la que le describiría. Me había mentido, si había conocido a Alex hace cuatro años, eso supondría que este tendría catorce, ¿Con catorce años...? No. Imposible. Eran unos bebés. O Alex me había mentido, o esos dos se habían conocido hace menos años seguro.
Decidí no mirarle, solté el pelo recogido con la esperanza de que no me reconociese. Era lo que hacía en clase para que no me preguntasen la lección, y la mayoría de las veces funcionaba, salvo con mi profesor de lenguaje, que me tenía fichada desde el día que le corregí en clase cuando me estaba gritando por, en su opinión, no saber la respuesta correcta.
-¡Tayla!-gritó Lucas alegremente- Tenemos que hablar.
-No sé de qué-contesté, haciendo el amago de seguir adelante, pero Lucas fue más rápido, me cogió por el brazo y me impulsó hacia él. Intenté resistirme, pero su fuerza superaba, y mucho, a la mía.
-Te he visto hablar con Alex-me acusó.
-¿Y? Tú no me monopolizas, puedo hablar con quien yo quiera.
-Dime que te ha dicho-exigió.
-Nada-hice una pausa y continué, mirándole fijamente a sus ojos verdes-solo me ha contado lo bien que os lo pasabais en el lago. Ya sabes, la pregunta de Byron sobre la descendencia tenía sus motivos-le recordé las palabras de Byron y repetí la pregunta-¿Tantas ganas tienes de tener descendencia, Lucas?
Me devolvió la mirada, estaba claramente enfadado. Me acercó aún más a él, empezaba a hacerme daño en el brazo pero no lo confesé.
-No pasó lo que crees.
-¿No? ¿Con cuantos años, Lucas? ¿Catorce? ¿Quince tal vez?-intenté adivinar.
-Dieciséis-confesó.
-Entonces la conociste el año pasado, no hace cuatro, como me habías contado.
-Sí-traté de zafarme de él, pero me retuvo-Tayla, escucha, no quería contártelo por que sabría lo que pensarías. Podemos... volver a empezar-comenzó a acercarse a mí, con intención de besarme de nuevo.
Alejé mi rostro del suyo. ¿Empezar de nuevo? Ok, pero no sin antes algunas respuestas.
-¿Es cierto lo que me dijo Alex?
-Depende de qué te dijo.
-¿Te has acostado con ella?-pregunté, azorada.
Respiró hondo y contestó:
-Una semana antes de empezar las clases, sí.
-¿Cuánto llevabais saliendo juntos?
-Apenas dos meses.
-¿Dos meses? Genial.
-No cometeré ese error dos veces, Tayla. Sé esperar, vamos, empecemos de nuevo. ¡Qué más da lo que digan Alex y Byron!
-¿Qué somos, Lucas?-levanté mis cejas retándole a contestar.
Una suave brisa removió mi cabello, Lucas lo puso de nuevo en su sitio con ternura.
-Te refieres a si somos novios, amigos, compañeros, vecinos...-afirmé con la cabeza- no tengo ni idea. Creemos nuestras propias reglas. Podemos ser amigos-propuso-Amigos con derecho a roce.
-¿Amigos con derecho a roce?-repetí- Estás de coña, ¿verdad?
-Yo...
-¡Estás totalmente desesperado¬!-grité, con una sonrisa en la cara.
-¡No! No lo estoy. Ellos... los tristes... te convertirán en una de ellos. ¿Por qué no disfrutar mientras podemos?-se encogió de hombros.
Empecé a caminar de nuevo enfadada. No sabía porqué le había besado, pero no era por amor, ni mucho menos. Quizá esas ganas de llevarle la contraria a Byron. Una declaración de rebeldía hacia este pueblo y sus personas que no había podido demostrar con mis padres.
Giré a la derecha, aunque todo continuaba siendo igual. Lucas me seguía, muy alejado de mí, pero estaba ahí. Podía oír a su perro. Intenté ignorarle con todas mis fuerzas, si tenía que estar dos horas dando vueltas hasta llegar a mi casa, lo haría. Y si él me seguía, bueno, pues bien por él, no me importaba.
-¿Hasta cuando me vas a ignorar, Tayla?
Continué mi camino sin mirar atrás, sabía que estaba sonriendo, lo sabía. Esa sonrisa irresistible.
Pensándolo bien, no entendía el porqué de el beso. Vale, sí, había estado bien, pero nada más. Lucas solo podía llegar a ser un amigo para mí, y ni eso. Ahora, cada vez que le viese, pensaría en el momento en el que nos besamos en el lago. ¡Ugg! ¡Qué frustrante!
-Te recuerdo que no he sido yo el que ha dado el primer paso para ese beso. Te intenté detener, recuérdalo.
¿Recordarlo? Sí, lo recordaba. Estúpida yo, que no le había escuchado. “No quiero que me beses en respuesta a Byron” Esa frase se repetía en mi cabeza todo el rato. ¿Por qué demonios la ignoraría? Si la hubiese escuchado nada de esto hubiese ocurrido.
-¡Vamos! Es obvio que no vas a encontrar tu casa, yo ya sé donde está. La he visto.
Esta vez no le ignoré. Pero mi enfado se vio reflejado en mi gesto cuando me giré hacia él. Lo supe al ver que retrocedía ante mi avance.
-¡Cállate! Sé hacer las cosas sola. Si me tiro dos días dando vueltas por este pueblucho infernal al que supongo que consideras hogar, lo haré, no necesito de tu ayuda.
-No tienes ni idea, Tayla. ¿Te crees que me gusta este pueblo? ¿Qué me siento como si fuese mi hogar?
Licencia Creative Commons
El reflejo del agua se encuentra bajo una LicenciaCreative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

martes, 14 de junio de 2011

Capítulo 15

Estaba temblando, no sabía si por el frío o porque acababa de estropear la relación con la única persona que podría ser mi amiga en Herecrich.
Corrí todo lo que pude hasta llegar a las escaleras sin fijarme que tenía todos los pies embarrados y algunas salpicaduras en las piernas. Me senté en una de las escaleras y, mientras sollozaba, recogí de nuevo mi pelo en un moño alto. Me recosté dejando que el sol me calentase la piel y, con suerte, borrase cualquier indicio de mi contacto con el agua y... con Lucas.
Estando al sol, todos los problemas me parecían menores. Cerré los ojos y mi imaginación voló, como solía hacer. ‘Una chica lista pero distraída’ decían mis profesores siempre. Cuando me quise dar cuenta, estaba pensando en mi querida playa, recordaba ese día a la perfección. Llevaba el pelo recogido en una coleta alta y el viento había arrancado unos pocos mechones de ella. Estaba encerando mi tabla de surf de la suerte, era azul con unas nubes pintadas. La arena me rozaba la parte baja de mis piernas; el neopreno era de verano, azul y negro, mi bikini favorito asomaba por el cuello, me lo regaló mi mejor amigo, Mike, mi Mikey.
Las olas eran perfectas, y, lo mejor de todo, apenas había algún surfista en la zona dedicada a la práctica de ese deporte. Cogí mi tabla y me lancé al agua. Estaba feliz, como siempre que hacía surf, me reía sin motivo, sin duda, de haber estado conmigo otra persona hubiese pensado que estaba loca.
Me gustaba ir a la zona derecha, nunca había nadie, aunque ese día, no había casi nadie en ninguna zona. Recordé estar remando para coger una ola, y después, solo había agua a mi alrededor, yo giraba sobre mí misma sin control, arrastrada por la fuerza de las olas, que me empujaron contra unas rocas que siempre evitaba al bucear por lo afiladas que estaban. Sentí como una de sus puntas se acercaba a mí y me acariciaba la espalda para luego clavarse en mi pierna izquierda. No sentí los cortes hasta que salí a la superficie, cogí aire y empecé a patalear para no volver a hundirme. Lo último que vi fue una lancha amarilla de salvamento dirigiéndose hacia donde yo estaba.
Cuando desperté estaba tumbada en una camilla con mis padres a ambos lados. La habitación era blanca con una amplia ventana con vistas a la playa que se veía lejana y borrosa. Siempre he odiado la blancura de de los hospitales, da la impresión de que mediante esa siniestra capa de color intentan ocultar las barbaridades que se han llegado a cometer, tantas imprudencias y errores sin castigo.
Desperté de mi sueño cuando escuché unos pasos acercándose. Lucas. Seguro que era él. ¿Qué sentido tenía seguir en el lago solo? Me puse los pantalones lo más rápido que pude, pero no me dio tiempo a ponerme la camiseta ni los zapatos antes de ver a la persona que se dirigía hacia mí.
Era una chica de piel pálida y ojos azules que contrastaban con el color de su cabello, negro recogido en una coleta fuertemente agarrada. Vestía con una camisa negra ajustada y unos pantalones del mismo color e igual de ajustados, sus bailarinas eran grises. No tenía ni una gota de maquillaje en su cara, la cual estaba totalmente libre de algún indicio de acné. “Perfecta” pensé. Fácilmente podía hacerse pasar por la hermana de Byron, si no lo era ya.
Se plantó frente a las escaleras y apoyó una de sus manos en la barandilla que había al lado de estas. Comenzó a hablar conmigo:
-Te he visto en el lago.
-¿Porqué no me sorprende?-contesté, con sorna-En este pueblucho la costumbre de espiar a los vecinos está muy arraigada. ¿Os enseñan eso en clase?
-No-dijo, quedamente-en clase nos enseñan a ser respetuosos con el prójimo, al contrario de lo que estás haciendo tú.
-Tú has empezado, mirándome a escondidas. Por lo menos el tal Byron ha tenido el valor para dar la cara-le reproché.
-¿En serio, Tayla?-me preguntó-¿Lucas? ¿No está muy visto eso de ir liándote con el guaperas de turno? ¿Era como cuando me besaba a mí?-volvió a preguntar, pude atisbar cierto grado de envidia en su tono-A mí también me llevaba al lago, pero no eran simples besos lo que compartíamos-alzó las cejas, desafiándome a contestarle a sus palabras.
-No soy de esas que van arrastrándose por un tío. Hay muchos niños en el mundo, no creo que mis servicios sean requeridos para aumentar más la población. No saldré en esos programas de chicas que se han quedado embarazadas antes de la mayoría de edad.
Ese tema de quedarme embarazada me daba fobia desde que mi madre había hablado conmigo para explicarme de donde venían los bebes...
-Tu auto control ha quedado demostrado en el lago. Lucas no te conviene, Tayla, créeme. Solo te va a utilizar para conseguir lo que él quiera. Va de chico malo y...
-Ya sé, ya...-la interrumpí-es el chico malo que luego se vuelve monótono y bla, bla, bla... Byron me ha soltado el discursito.
-Byron solo intentaba detenerte. Sentir algo por Lucas está mal.
-Celos de una ex novia-deduje-¿qué pasa, Alex? ¿Tienes miedo de que se olvide de ti? Noticias frescas, cortasteis hace ya mucho, se ha olvidado de ti y de lo que representas.
-No eres diferente a como era yo-me pinchó Alex- yo también hice lo que tú. No eres la primera que se baña con él en ropa interior.
-Y sin ella, ¿no?-contraataqué.
-¿Para qué negarlo?
-No, gracias, no soy tan...-me abstuve de llamarla lo que tenía pensado-no necesito acostarme con un tío para sentirme completa.
-Todos van por eso-continuó- Lucas es como ellos. ¿Qué crees que hubiese pasado de no haberos interrumpido Byron? No es tan inocentón como parece.
-Estás celosa-sentencié- si quieres alguna explicación, exígesela a Lucas y no a mí.
-Yo no hablo con esa clase de personas-dijo, con tono de superioridad como había hecho Byron al darme a elegir entre su “buena vida” o la de Lucas.
-Me piro. Gracias por tus amables consejos y advertencias, los tendré en cuenta.
-Vamos, Tayla, los rumores vuelan, en una semana todos sabrán que eres el nuevo fichaje de Lucas. ¿Cómo crees que sé tu nombre? Chismes, rumores... llámalo como quieras.
-Que piensen lo que les dé la gana. Me voy a casa.
-Busca el tejado azul, se ve a km a la redonda-gritó cuando estaba a más de cinco metros de ella.
Me alejé por la primera calle que encontré. Un ocho de color dorado estaba pintado en la pared. Ya me lo había advertido Lucas, las calles iban por números y no por nombres.
Licencia Creative Commons
El reflejo del agua se encuentra bajo una LicenciaCreative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.